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Política

 

Los Simpson, Woody Allen, y la donación de órganos

Darío Schapochnik


- ¿Quién es ese gordinflón, Smithers?

- Homero Simpson, señor. Un banco de órganos del sector 7-G.

 

Quienes, como yo, somos fanáticos de Los Simpson, vemos con admiración la perfecta metáfora del capitalismo que es el dueño de la planta de energía nuclear de Springfield, Charles Montgomery Burns.

Ese siniestro personaje que puede llegar a resultar simpático porque es simplemente un dibujo animado, tiene su encarnación en la reforma a la Ley de Transplantes.

La reforma en cuestión tiene algún aspecto positivo, y varios que resultan tenebrosos. El aspecto positivo es el tan mentado tema del donante presunto: todo mayor de 18 años que no haya dejado expresa constancia de su voluntad de no donar sus órganos, es donante. Pero, avanzando en la lectura de la reforma, vemos como todos somos ahora meros “bancos de órganos”. Veamos:

* Se establece que, en caso de fallecimiento de menores de 18 años, se necesita la autorización de sus padres o representantes legales para la ablación de sus órganos. Esto, por supuesto, es absolutamente razonable. Pero, la reforma agrega que en ausencia de los padres o representantes legales, dicha autorización podrá ser dada por el pariente consanguíneo hasta el cuatro grado (hermanos, abuelos, bisabuelos, tíos, primos, sobrinos, sobrinos nietos) que estuviere presente en el lugar del deceso. Es decir: un nene se va de vacaciones con sus abuelos, el nene muere y quien decide si se donan sus órganos son sus abuelos, no sus padres. ¿Y cómo prueba el abuelo que es el abuelo y no un secuestrador? La reforma dice que, a falta de otra prueba, va a ser mediante declaración jurada. O sea: yo secuestrador tengo secuestrado al hijo de un empresario, el pibe se muere, y yo “pruebo” que soy (por ejemplo) el tío mediante un declaración jurada.

* Se establece también que, en caso de muerte natural, determinadas personas pueden dar cuenta o testimoniar sobre la última voluntad del fallecido respecto a la donación de sus órganos. O sea, no importa que uno durante su vida haya dicho que no quería donar sus órganos, ya que ciertas personas pueden testimoniar que la última voluntad era donar. ¿Quiénes son esas personas? Los familiares en general y –ATENCIÓN-: cualquier persona que hubiera tenido una relación de amistad con el fallecido, cualquier persona que hubiera tenido una relación laboral con el fallecido, y (presten mucha atención): cualquier otra persona que hubiere estado con el causante al momento del deceso (sic). Nuevamente, la relación con el fallecido y el testimonio de su última voluntad puede probarse, a falta de otra prueba, mediante declaración jurada. Lo dicho sobre los menores de 18 es aplicable acá.

* Una última, para no aburrirlos más: actualmente el INCUCAI tiene un presidente, un vice, y 3 directores, que designa el Poder Ejecutivo, a propuesta de la Secretaría de Salud (el Presidente, el Vice y un Director), del Consejo Federal de Salud (un Director y de las Universidades que tienen Facultad de Medicina.

La reforma reduce el directorio del INCUCAI a un Presidente, un Vice y un Director. A los tres los designa el Poder Ejecutivo, a propuesta de la Secretaría de políticas sanitarias (el Presidente y el Director) y del Consejo Federal de Salud (el Vice). Es decir: el ámbito científico quedó afuera.

El hecho de que uno sea paranoico no significa que no lo estén persiguiendo (Woody Allen).

 

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