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Política

 

Los efectos de pagarle al fondo

Claudio Katz


El gobierno argentino presentó la cancelación anticipada de la deuda con el FMI como un acto soberano de alcance histórico. Kirchner afirmó que el país recupera autonomía y se desembaraza de las inspecciones del Fondo. Pero en los hechos bendice a un acreedor privilegiado. Primero eximió al FMI de la quita aplicada con el canje al resto de los bonistas y ahora le asegura el cobro total y adelantado de la deuda. Kirchner implementa un postulado de la derecha -cumplir con el Fondo- redoblando el discurso progresista. ¿Su iniciativa incrementará la independencia económica del país? ¿Comienza la etapa de la redistribución?

 

SOBERANIA Y AUTONOMIA.
En los últimos tres años y medio el FMI cobró 45.000 millones de dólares de sus grandes deudores. Rusia saldó sus compromisos, Turquía pagó el 40%, México transfirió grandes sumas y Brasil resolvió cancelar todos sus pasivos. Argentina no adopta, por lo tanto, una decisión exclusiva ni sorprendente.
Kirchner insinúa que su acción fue coordinada con Lula, pero no puede explicar la coincidencia de ímpetus soberanos de tantos países y gobiernos diferentes. Esta simultaneidad obedece a la presión ejercida por el FMI para reducir su elevada exposición financiera. Las últimas crisis lo indujeron a sustituir la promoción del endeudamiento por medidas de protección de su capital. Por eso Bush le negó a Kirchner una mediación para establecer negociaciones con el organismo y retomó la tradicional dureza hacia el defaulteador argentino.
Quiénes presentan la cancelación con el FMI como una jugada original de Kirchner olvidan que un alto funcionario de ese organismo (A. Singh) propuso el año pasado un plan para instrumentar la misma decisión. La decisión adoptada es por eso coincidente con los propósitos explícitos del Fondo.
No era necesario pagarle a los banqueros para liberar la política económica de sus controles. Las supervisiones del FMI estaban suspendidas desde que hace dos años el organismo comenzó a cobrar los vencimientos. La simple continuidad de estos pagos garantizaba la misma autonomía que se logra adelantado las cuotas. Pero los funcionarios argumentan que ahora existe mayor grado de libertad en tres terrenos: el manejo de las cuentas públicas, la estrategia macroeconómica y la redistribución del ingreso.

 

SOLVENCIA FISCAL Y AJUSTE.
Para sostener el pago anticipado de 9.810 millones de dólares el estado argentino deberá aumentar su solvencia fiscal. Nadie ha puesto en duda esta necesidad, pero los oficialistas ocultan su relación con la operación de cancelación. Sugieren que el ahorro público forzoso que rige en el país es un dato natural de la economía o un remedio para curar la indisciplina de los argentinos.
El sobrante fiscal se engrosará con los nuevos aportes del fondo anticíclico que gestó el conservador Lavagna y consolida la progresista Micelli. Este superávit servirá para compensar la disminución de reservas utilizadas para pagarle al Fondo. Los efectos monetarios inmediatos de la reducción del respaldo en divisas que tiene la moneda nacional son inciertos. Pero es evidente que se buscará un mayor sostén fiscal para contrarrestar la menor cobertura en dólares de los pesos en circulación.
Seguramente el Banco Central recibirá un nuevo título público a cambio de las reservas aportadas para concretar el mega-pago. Cuándo ese papel sea volcado al mercado le brindará a los banqueros locales otra oportunidad de beneficios especulativos. Sus negocios con títulos pesificados alientan el aumento de la tasa de interés y fueron la inversión financiera más rentable del año 2005.
Los pasivos que se cancelan con el FMI representan apenas el 9% de la deuda total y excluyen compromisos semejantes con el BID y el BM. La hipoteca que el país afronta luego de la nueva operación supera los 116.000 millones de dólares (o 139.000 millones de acuerdo al cálculo). Estas obligaciones imponen la continuidad del ahogo fiscal, con o sin auditoria del FMI.
El ahorro que realiza el estado sobre las espaldas de la población se mantendrá también para recomponer las reservas con la adquisición de las divisas que genera el excedente comercial. El mismo ajuste será necesario para brindar respaldo a los créditos externos que se negocian con Venezuela, España u otros prestamistas internacionales. Habrá que ver si el costo de estos compromisos es inferior a los créditos que se le abonaba al Fondo. Por lo pronto, el ahorro de 1000 millones de dólares que publicita el gobierno como resultado de la operación, es muy dudoso. Algunas estimaciones reducen ese monto a 300 millones y otras lo cuestionan por completo.

 

CAPITALISTAS GANADORES Y PERDEDORES.
La decisión del gobierno beneficia a un sector capitalista contra otro. La precancelación de la deuda con el FMI favorece a los exportadores, industriales y banqueros locales en su conflicto con los acreedores externos y las empresas privatizadas. El Fondo actuaba como lobbista del segundo grupo contra el primero.
El choque entre ambas fracciones ha dominado el escenario económico desde la devaluación. El FMI exigía reducir el tipo de cambio para aumentar el excedente en divisas girado al exterior, en contraposición a los exportadores que prefieren mantener alta la cotización del dólar, para recibir más pesos por los bienes que venden fuera del país.

 

 

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