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Entrevistas

 

Héctor Bidonde

Alejandro LLames, Revista La Nueva Letra

 

Es actor, legislador y maneja una Escuela de Teatro. Fanático de su esposa y su hija, siempre encuentra un lugar para ellas. Nacido en 1937, sigue luchando por una sociedad más justa y sencilla, tanto desde lo político como desde lo actoral.

Pensar que por primera vez en mi carrera iba a estar entrevistando a un actor de renombre y a un Legislador Porteño, sinceramente me sembraba algunas dudas. Me preguntaba si la entrevista se daría de igual a igual, si se podría armar una charla donde los roles de entrevistado y entrevistador quedaran a un lado. Si ser "legislador" convertía a las personas en intocables o si tener más de 25 películas filmadas sobre los hombres influiría en algo.
Pero todo se aclaró rápido. Héctor "Cacho" Bidonde ingresó a su despacho de la Legislatura Porteña algo enojado, ya que "con tantos problemas uno ni puede comer tranquilo, la comida me queda acá", dijo. Su camisa a cuadros y su jean, dejaban ver a un hombre común, sencillo, humano

LN: ¿Cómo fue que llegaste al mundo de la actuación?
HB: Por ese entonces yo era tornero y sabía bastante de metalurgia. En 1954 aproximadamente en La Plata, cayó en mis manos un diario donde figuraba un anuncio que buscaban actores, y me dije: ¡por que no!. Se ensayaba una obra que se llamaba "Amarretes" de Carlos P. Cabral. Me presente, me gané un personaje y se empezó a ensayar.

LN: ¿Por qué quisiste ser actor?
HB: Me metí en esto por razones bastantes miserables. Razones en general muy mezquinas y muy pobres en algún sentido. Yo sentía que me faltaba algo: me faltaba subir de clase social, me faltaba sentirme un tipo con una identidad. Yo pensaba que pertenecer a la clase media, que estar vestido de cierta manera, que ganar determinada suma de dinero, me iba a proporcionar cierto nivel de gratificación. Pensaba que siendo actor iba a poder ser parte de esa clase media y tendría algo de lo que mis amigos y familiares iban a estar orgullosos. Pero rápidamente me di cuenta de que por ahí no iba la cosa.

LN: Y ¿Cómo estaba compuesta tu familia y como era tu relación con ellos?.
HB: era algo complicada. Yo tenía un profundo resentimiento social. Único hijo, mi madre murió cuando yo era muy pequeño, un padre muy mezquino en todo sentido, no sólo en lo económico sino también en lo afectivo y lo intelectual, con el que nos desentendimos muchísimo y hasta en alguna oportunidad llegamos a las trompadas.
Su sinceridad para tratar temas tan íntimos y delicados como la relación con su padre, la nostalgia para hablar de sus comienzos como actor y el clima cálido y agradable en que se desenvolvía la charla, lograban que las agujas de mi reloj no se dieran cuenta del paso del tiempo, ni yo tampoco.
Héctor confiesa que prefiere más la actuación que la dirección, y afirma que "como director soy muy malo, soy muy poco creativo".

LN: ¿Qué piensa de la situación actual del actor, donde su imagen se ve a veces suplantada por personajes "mediáticos"?.
HB: Hay gente que logra tener un gran carisma, una buena imagen, caerle bien al público, sin haberse formado como actores. Y en este sistema, el cual es cada vez más voraz y competitivo y se maneja en función de la producción, el actor ve su carrera depreciada y deteriorada. Figuras que resultan pintorescas o agradables ocupan el lugar no sólo del actor, sino también del conductor, del periodista, del modelo.

Desde hace ya más de siete años, Héctor tiene en la Paternal su taller de teatro. El esfuerzo y la dedicación que le puso para lograr "su pequeño espacio, con un escenario y un salón", deja entreverse en algunos pasajes de charla. Se siente orgulloso de formar actores y sobre todo intenta que al terminar sus estudios "cada alumno pueda tener una mirada distinta a la que tenia cuando empezó.

LN: ¿Qué es lo que le brindas a los estudiantes que llegan a tu escuela llenos de ilusiones?
HB: Lo fundamental es que el estudiante encuentre lo que viene a buscar. En principio una voz o una palabra que acompañe y coordine su energía para lograr su objetivo. Lograr que uno tenga la posibilidad para estar dentro y fuera de las cosas, que no este sumido en una mirada enajenada donde no se tiene una visión clara y una apreciación acabada de la relación de uno mismo con el otro, con el mundo y con uno mismo.

LN: Sumergidos en la adrenalina de formarse para alcanzar su sueño de ser actor, ¿Con que expectativas llegan los alumnos?
HB: En realidad, los alumnos llegan con una fantasía de nutrirse de un conjunto de técnicas que le permitan a uno desarrollar capacidades miméticas, imaginativas, un fortalecimiento físico y ciertas técnicas que le permitan poder realizar un determinado rol en una obra de teatro o un programa de televisión. Y aquí digo yo lo de frustrar al estudiante. Frustrar en el sentido de que en realidad, ellos vienen acá no a que yo les enseñe técnicas sino mas bien a que ellos mismos sean sujetos y objetos de la observación, que se estudien a ellos mismos. El actor se estudia a si mismo, ve como reacciona, como se mueve, si está tenso, si maneja su cuerpo y demás cosas. Así uno descubre cosas que tiene que mejorar, otras que cambiar, algunas que reforzar y otras que están bien.

Sus continuos acercamientos hacia los problemas sociales, desde la contaminación hasta las protestas, pasando por el hambre y la falta de educación, marcan la esperanza de este personaje de llegar a una Argentina mas justa y solidaria. Por que ya no se trata de estar de acuerdo o no, de pensar igual que el otro o pertenecer a un mismo partido político, se trata de actuar. Se trata de tomar las riendas y empezar a formar o reformar el país que queremos. El mismo país que nos vio nacer, nos vio desarrollarnos o nos verá morir. El mismo país que sufre, que llora y que intenta levantarse. El mismo país que fue, es y será: la Argentina.


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