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Educación

 

La novela educativa o el relato de la alienación (Fragmento)

Darío Baldivares

 

¿Por qué no leer la transformación educativa en clave de novela, y mejor aún, como la novela inclasificable que transita estilos y géneros?

Sin apelar a trágicas reflexiones ni a esperanzadas soluciones, “la novela educativa” tiene una historia y esa historia un punto de partida (... así el Quijote enloquece por leer novelas de caballería): las privatizaciones son el punto de partida; la Reforma del Estado, el marco donde se genera el relato.

Vaivenes narrativos surcan toda la historia con diversas voces que cuentan. Narradores omniscientes, intrusivos, como el narrador de la Comedia Humana de Balzac (Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Fondo Monetario Internacional, CEPAL, UNESCO); narradores testigos, que sólo cuentan lo que han escuchado y se acomodan discursivamente para obtener el reconocimiento del poder omnipresente, omnisciente, que está fuera del relato pero lo genera y genera el verosímil (reinventa lo real a su antojo, mueve los personajes, prepara la trama, crea el ambiente ideológico) y delimita el espacio donde se desarrollarán las acciones (Latinoamérica y el Caribe). Crea al lector modelo como estrategia textual para involucrar al lector real como personaje (los llama “actores de la comunidad educativa”); falsifica obstáculos, trágicos y esperanzados, para que generen en el lector – personaje la ilusión de que siempre puede haber un final feliz...

¿El autor? ... el neoliberalismo americano, que pretende cobrar los derechos sobre la obra y repartir con “escribidores” europeos alguna porción del botín del capítulo colonial.

La historia puede ser leída como una novela: el relato de la alienación.

En el Quijote, la locura tiene un pre – texto: las novelas de caballería. El ingenioso hidalgo transforma la “realidad”; las lecturas producen una patología en el protagonista que distorsiona la realidad del mundo que lo rodea volviéndolo novelesco.

La patología también aparece en el policial de enigma: está en el criminal que desestabiliza el ordenamiento institucional pero una vez extirpada, el orden burgués vuelve a estabilizarse.

Sherlock Holmes, Hércules Poirot, Daniel Hernández, contribuyen al restablecimiento de la armonía en cooperación con la policía, que aparece en los relatos con cierto grado de ineptitud pero no corrupta institucionalmente.

Sin embargo, la novela educativa tiene características de policial negro: el espacio es plural, el crimen sobrevuela a toda la sociedad, las instituciones se corrompen, desfilan innumerables personajes que sostienen la acción, el asedio es social, la víctima no tiene rostro y tiene todos los rostros: el Pueblo.

La estrategia narrativa pone a todos bajo sospecha; las culpas van y vienen (organismos internacionales ponen su voz sobre gobiernos locales; gobiernos locales manifiestan disconformidad periodísticamente, pero asienten cooperativamente contra la voluntad popular).

(...)

Salir del espacio “novelesco” que nos impusieron, para construir un nuevo imaginario y recuperar las utopías, es parte del trabajo educativo.

La “novela educativa” enmarcada en la serie del policial negro estalla en múltiples pedazos, ha revelado sus íntimos y anodinos intereses que sólo benefician a las minorías que traman nuestro destino.

En el nuevo imaginario, la novela social se empezó a escribir con sangre, con dolor, pero con una inmensa alegría.

¡Estallaron los significantes!

El lector real participa de la novela, la escribe, se sumerge en el mar de tinta y desplaza al autor y a sus narradores.

Se ha convertido en su propio autor que irrumpe en el espacio de la escritura y lo descentra, lo vuelve colectivo. La novela se hace pública, no tiene final y posiblemente el origen sólo sea una fecha, que concentra el pasado, el estallido, y multiplica el futuro.

La polifonía de una democracia crítica sustituye la voz autoritaria de los narradores que como títeres sólo respondían al autor del relato de la alienación.

La polifonía, la voz del autor-narrador plural, la población, está en las calles–página, ocupa los espacios editoriales para la infinita publicación de la nueva novela social.

 

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