Educación
Decretos... decretos... decretos... la Educación versus la Máquina de Impedir
Darío Balvidares
Un poco de historia
Marzo de 2006, inicio de las clases. Pero este inicio de clases está marcado, a poco de comenzar, y desde hace 30 años por el día 24; fecha de inicio del más atroz episodio de la historia argentina. Claro alguien dirá, y con razón, que hubo otros; sí, es cierto: el genocidio perpetrado, bajo la dirección del general Roca, a los Pueblos Originarios, (tema del que se ocupa, haciendo la mejor educación popular, el escritor Osvaldo Bayer). Pueblos que hoy continúan enfrentando a la Máquina de Impedir.
Ese genocidio decretado por el discurso histórico como Campaña al desierto; allá, en los últimos años del siglo XIX, fue avalado y suscrito por Sarmiento: "¿Lograremos exterminar a los indios?. Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar (...) incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande..." (Diario El Nacional, 25/11/1876).
De la Historia a la Máquina de Impedir
La amenaza, la posible destrucción (física o simbólica) del otro, aparece y reaparece como una constante de la historia argentina (para no extendernos) de los que creen que tienen derechos preferenciales sobre el resto de la población, elites que deciden nuestros destinos y que encuentran en el sistema político vasallos que cuidan sus intereses, por un puñado de dólares, contra la mayoría de la población a la que no participan de los asuntos públicos, es más, constituyen la Máquina de Impedir.
El propio sistema educativo en sus formas de práctica burocrática genera y reproduce formas y conductas autoritarias; es decir, constituye lo que dimos en llamar: la Máquina de Impedir, cuyo propósito es, en principio, el ajuste, es decir, la precarización del sistema, que es uno de los objetivos pero no el fin.
Por ejemplo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en el año 1997 surge el decreto 1990, un decreto de acoplamiento: es una máquina de flexibilizar y como tal se acopla a la Máquina de Impedir.
A través del decreto 1990/97, emanado del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, se crea una Unidad de Restructuración Organizativa dependiente de la Secretaría de Educación en donde lo que se destaca, además de un sospechoso control disciplinar, es la promoción de un régimen de control de gastos.
Un decreto que exige estricta reserva al personal afectado a la unidad, sobre la información de la que tenga conocimiento durante el desarrollo de su tarea; nos abre un interrogante (a más de 30 años del golpe no deja de sorprender): ¿qué tipo de información es la que requerirá esa unidad sobre el personal?
Además, el decreto establece una cantidad mínima de alumnos por curso para mantenerlos abiertos, así como la reducción del plantel de preceptores por escuela secundaria. Estas son algunas de las recetas que esa disposición propone para "mejorar" el sistema educativo.
El decreto 1990/97 no sólo no ha perdido su vigencia, sino que además es intermitente: algunas partes se aplican, otras no se sabe.
"Veinte alumnos por curso para abrirlo" se repite desde la Dirección de Enseñanza Media y Técnica como un eco que se extiende hasta las escuelas, retumbando antes por la Supervisión: "Veinte alumnos por curso..." resuena en los docentes que ven ahí, la pérdida del trabajo.
No sólo nada ha cambiado respecto de la reforma educativa, sino que se intenta profundizar lo que había quedado en el tintero. Por supuesto, el año pasado hubo elecciones, había que reducir al mínimo los conflictos, sobre todo en Educación, una zona tan sensible.
Una hipótesis: ¿No será que están tratando de preparar un diseño que permita realizar fusión de cursos y luego de escuelas y una vez que todo esté reorganizado, y con el pretexto de siempre, el de la calidad y la optimización, acordar que el sector privado (llamado por el nombre de fantasía: sociedad civil) gerencie y administre la Educación Pública?
Nos permitimos esta hipótesis en relación con lo que sucede en San Luis y Tierra del Fuego, escuelas charter y en provincia de Buenos Aires, escuelas conveniadas (para no abundar).
¿Es curioso que un decreto que plantea la pérdida de trabajo, que surge durante el auge explícito de la dictadura del Mercado, continúe en vigencia casi diez años después?
No, no es curioso, puesto que el proceso de reforma educativa está vivo, tal como fue concebido en el marco de la reforma del Estado. La vigencia, aparentemente anacrónica, de este decreto y otras normas reguladoras de la Educación responden a las mismas premisas.
La Máquina de Impedir es la estrategia de la Pedagogía de Opresor, como muestra sobra un decreto. Para desmantelar la máquina, todos los que queremos y luchamos por la Educación pública, gratuita, laica comenzamos a construir una pedagogía de la participación, una pedagogía de lo público, una pedagogía donde lo social está presente.
Para cruzar estos espacios, como trabajadores de la Educación estamos aprendiendo de la autoconvocatoria, para re – conocernos; en aquello que el sistema intenta destruir o por lo menos reducirla sólo a la declamación: la solidaridad, uno de los valores más golpeados.
Ese valor nos convoca, porque está absolutamente comprobado que: el silencio no es Salud. Y aprendimos que los asuntos públicos no les pertenecen a un grupo y la Educación es un Asunto Público.
NOTA: Este artículo ha sido publicado en Revista Vientos del Pueblo Nº 10, 2006
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