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Recursos Naturales y Medio Ambiente

 

No! a la papelera

Juan Pablo Rey
Lunes, 6 de Enero de 2006. 10:05 hs.

 

Salvemos el río , salvemos la vida, gritaba un vecino mezclado entre la muchedumbre, una verdadera marea humana, cerca de 40.000 personas dirigiéndose al puente internacional que une las ciudades de Gualeguaychú, Entre Ríos, con la de Fray Bentos en la orilla del la República del Uruguay.

A pura decisión y coraje la protesta se hizo sentir, reclaman que no se autorice la instalación de las plantas de celulosa en las costas uruguayas, porque compromete seriamente al calidad de vida de los vecinos. Conocido es, que este tipo de empresas, generan emanaciones tóxicas muy contaminantes,.

Sobre la mole de cemento la masa multicolor de los manifestantes adornaban el puente, debajo, las aguas del Río Uruguay reflejaban la multitud haciendo mucho mas pronunciado el movimiento firme de la población.

Color, y sonido que se pronuncia en favor de la vida, por la soberanía de las aguas y suelos, decenas de miles de personas, muchas de ellas haciendo su debut en los reclamos callejeros; estaban las organizaciones barriales, los distintos grupos sociales y políticos, entidades religiosas, el propio gobernador de Entre Ríos y funcionarios de la intendencia.

Nadie quiso faltar a la cita, o simplemente no pudieron ausentarse, el torbellino arrasador e incontenible de la población, puesta en movimiento, arrastraba a su paso el acompañamiento obligado de los distintos referentes sociales y políticos, no dejó opciones, hubo que estar ahí.

Salieron de la modorra, de la tranquilidad habitual, por la decisión del nuevo gobierno del Uruguay, de firmar, entre gallos y media noche, un acuerdo que permitiría la instalación de las plantas de celulosa, propiedad de la Empresa Nacional de Celulosa de España, (ENCE) y Botnia, de origen finlandés.

Muchos comentaban que “la papelera consume en un día, el agua que la ciudad de Fray Bentos consume en un mes”, “consumirán mil litro por segundo” , otros indignados, habiendo crecido a la vera del río comentaba “van a contaminar las aguas del río”, algunos se animaban a creer en los puestos de trabajo que traerían para los vecinos de Fray Bentos, rápidamente otros respondían, “como mucho van a contratar 300 trabajadores en su etapa de producción, pero perjudicarán el turismo y la producción agrícola, que generan mas trabajo”.

El debate está abierto, con el correr de los días seguramente se hará cada vez mas intenso, por un lado la intención de las empresas de hacer negocio a cualquier precio y por el otro las necesidades de la población, que sin lugar a duda tienen como prioridad, preservar su lugar, asegurándose de vivir en una zona libre de contaminación y despojo

El presidente del Foro Ecologista de Paraná Verzeñassi comentaba a quien quisiera escucharlo que, “la fabricación de pastas sobre el río Uruguay corresponde a la parte más sucia del proceso industrial. Además, la pasta celulosa obliga a utilizar compuestos químicos de alto impacto”. Para ese entonces la polémica ya estaba instalada, en cada escuela, en los barrios, en los transportes públicos, no había rincón en Gualeguaychú donde no se tratara con suma preocupación el tema.

El agua, es uno de los factores más importantes en el momento de seleccionar el lugar para emplazar estos establecimientos industriales, debido a que la industria papelera depende de una alta disponibilidad de agua. Esto explica el interés de las empresas española y finlandesa, de establecerse en las orillas del Río Uruguay.

Botnia, en Finlandia, tiene una planta, en el mar báltico que produce 300.000 toneladas anuales a partir de papel reciclado, no a partir de la madera. Lo que se pretende en Fray Bentos es producir un millón y medio de toneladas anuales; es decir, que las plantas que intentan instalar, tienen cinco veces más de capacidad productiva, en este caso la contaminación se potencia, puesto que se trabajaría directamente con madera como materia prima, el ciclo productivo sería mucho mas perjudicial

Para la producción de celulosa, se deben emplear sustancias químicas básicas (lejía de sosa, carbonato de sodio, sulfato de aluminio, ácido sulfúrico, cloro, peróxido de sodio y de hidrógeno, ácido sulfuroso, etc.), todas extremadamente contaminantes.

El impacto ambiental en los efluentes líquidos son notorios, se “enferma el agua” y los costos de remediación son tan altos que nadie los afrontan. Las empresas que tropiezan con muchas trabas, o directamente se ven imposibilitadas de producir en sus países de origen, por las exigencias ambientales a las que están obligadas, nuevamente encuentran en nuestro continente el lugar adecuado para acrecentar sus ingresos al menor costo. Como suele suceder los únicos perjudicados somos nosotros.

Las industrias productoras de pasta de celulosa están sometidas a controles sumamente estrictos, en los países llamados del primer mundo. En Alemania, Suiza, Austria, EE.UU, se las _evalúa continuamente puesto que el impacto ambiental que provocan revisten especial importancia, en todos ellos hay leyes y reglamentaciones muy precisas para la actividad. Hay países donde directamente tienen prohibido producir .

En Chile, precisamente en Valdivia donde la empresa Botnia desde tiempo atrás viene desarrollando tareas de producción, en varias oportunidades, se la obligó a paralizar la producción por los altos niveles de contaminación detectados.

Respirar por ahora cuesta poco, salvo que el aire esté contaminado, las emisiones gaseosas típicas del sector (especialmente en el caso de las celulosas) son: Dióxido de azufre (SO2), compuestos orgánicos de azufre reducido (TRS), gas de cloro y de dióxido de cloro (Cl2, ClO2) y ciertos hidrocarburos (HC). Nuevamente tenemos como resultado que lo barato (el aire), sale caro, no alcanza ni para remedio.

Las 40.000 personas movilizadas sobre el puente internacional de Gualeguiychú, los miles que manifiestan y recorren las calles de Fray Bentos, todos, de cara al Río Uruguay, mirando su espejo de agua se ven reflejados, ven a sus hijos y a sus nietos. Esa fuente inagotable de vida, está en peligro, los vecinos se proponer protegerla, resguardarla. De ello depende su futuro.

La avaricia de los poderes económicos, podrá contar con funcionarios que les allanen el camino para hacer su negocio sin medir las consecuencias, pero del otro lado, seguirán tropezando con la disposición de la multitud que decidida y frontalmente seguirá diciendo, en susurros o a los gritos, que el planeta es nuestro y estamos decididos a preservarlo para disfrutarlo adecuadamente.

 

 

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